lunes, 25 de marzo de 2013

En promoción


"Si hoy hubiese sabido que terminaría en el centro comercial, me habría vestido mejor" se dijo Pía, mientras se miraba al espejo del baño, al que entró al ver que su despreocupada apariencia desentonaba completamente con el glamour de fin de semana que desprendía el centro comercial.
Llevaba unos jeans viejos, que se le deshilachaban a medida que caminaba, porque nunca les hizo basta y terminó rompiéndolos, una blusa de mangas cortas color sandia, que se veía ya rosada de lo gastada que estaba, unas sandalias de plástico color verde agua y el pelo recogido con un lápiz de palo. Todo el conjunto era un desastre, pero si uno no se fijaba en lo despreocupado del atuendo, parecía una persona con mucho estilo, algo hipster, se dijo a si misma mientras se miraba al espejo.
Cuando no encontró que más arreglarle a su pelo, decidió volver a las tiendas a buscar el famoso libro y volver a su casa.

Su hermano no podía haberle dicho con menos antelación que tenía que hacer un ensayo sobre La dama del callejón, un libro que no llevaba publicado más de 3 meses y que no estaba en ninguna parte. Tres horas en Google y ni siquiera encontró una página con una descripción del libro.
"Apuesto que el dichoso libro es de un amigo de la profesora" pensó mientras veía el panel de orientación.
Pía de verdad odiaba los centros comerciales, y más aun en fin de semana, donde la fiebre del consumismo atacaba con más fuerza “¡que no sean capaces de hacer vida familiar de verdad!se dijo a si misma, cuando vio una familia de cinco saliendo de la tienda de videojuegos.
Incluso para ser domingo había demasiada gente, filas para todas las cajas y todas las cafeterías llenas.
Al mirar al segundo piso se dio cuenta del porque...
"De a Dos es Mejor" leyó en voz alta uno de los carteles gigantes que colgaban por la baranda del piso superior.
Así que de eso se trataba, se le había ocurrido ir SOLA el único día del año en el que absolutamente todas las tiendas hacían un descuento irresistible a las parejas.
El año pasado ella había ido con su primo, y consiguieron su actual televisor pagando un 40% del valor original, y eso lo comprobó al ir al día siguiente y ver el precio real de nuevo en su lugar.
"Genial, si le hubiese dicho a mi hermano que viniera conmigo a comprar SU libro, ¡habría aprovechado de pasar a comprarme la chaqueta que vi la otra vez!" bufó mientras subía la escalera mecánica que llevaba al tercer piso, nivel en que se encontraba la librería más grande, entró al local y al igual que los otros, estaba repleto.
Llegó a la sección de jóvenes autores y encontró el libro al primer intento en el catalogo.
Como se demoró menos de lo que pensaba en encontrar el libro, decidió dar un par de vueltas más por la librería.
Mientras leía descripciones de relatos de ciencia ficción sintió que unos ojos la seguían, levantó la vista por encima del último libro de Cory Doctorow y vio unos ojos color miel mirándola directamente, él apartó la vista al darse cuenta de que había sido descubierto y se perdió entre las estanterías.
Pía pensó en ir tras él, pero al recordar lo mal vestida que estaba, lo reconsideró y se quedó en la misma sección.
Los ojos miel no volvieron a seguirla, ni ella pensó en buscarlos hasta que llego a la caja para pagar el libro.
"Perfecto, este libro no se vende mucho, pero este fin de semana ya van 10 personas que lo piden, 11 con usted" le dijo la vendedora al pasar el código del libro, “no puedo imaginar porqué” dijo en su cabeza mientras le sonreía a la cajera.
"Sería esto para usted, y su acompañante que lleva"
"¿¿Mi acompañante??"
"Yo llevo Pastas para todos" dijo una voz a su espalda.
Se giró lentamente para volver a ver los ojos miel que la siguieron hace unos minutos, sobre la frente le caían unas mechas negras que se escapaban del gorro algo desordenadas y en el cuello llevaba colgando un par de audífonos grandes, de los que aun salía música, al parecer olvido apagar el reproductor al llegar a la caja.
Lo miró desconcertada, pero él no le regreso la mirada.
"Son 17 dólares" dijo la cajera.
"¿En dólares? ¿Por qué?" preguntó Pía al no entender porque no usaban la moneda corriente.
"Por el día de ofertas, es la política del centro comercial, ¿pagan juntos o separados?, el descuento aplica de ambas formas", les preguntó la vendedora.
"Separados" respondió Pía sin siquiera pensarlo.
"Si, separados" dijo calmadamente el chico de los ojos miel.
"Muy bien, este libro sale 7 y el de cocina 10"
Abrieron sus respectivas billeteras sin mirarse y entregaron los montos correspondientes. Pía no sabía si debía decirle algo o no, por lo que hizo todo lo posible por evitar contacto visual, y se demoró lo más que pudo en salir de la tienda, la maniobra habitual cuando no sabía qué hacer, esperar a que el otro tomara la iniciativa y le hablara o saliera de la librería, ella le estaba dando libertad para ambas opciones.
Se sintió algo desilusionada cuando lo vio salir de la librería sin decir una palabra.
Como se había demorado menos de lo que esperaba, decidió ir a ver todas las ofertas que se estaba perdiendo por haber ido sola, “ Pero si tuviste un descuento” se recordó al apretar la pequeña bolsita que llevaba en su mano.
Pasó al Starbucks a comprarse un Moka Blanco Venti para seguir paseando por los pasillos. Pese a no ser una fan de los conglomerados de tiendas, estaba disfrutando mucho el caminar por los pisos mirando las vitrinas pero sin verlas realmente. Sentía que la gente pasaba apurada a su alrededor, mientras ella casi flotaba por los pasillos, con la bolsa que contenía el libro en una mano y el café en la otra.
Se detuvo frente a una tienda para cambiar la canción de su reproductor cuando la vio, la chaqueta de la que se había enamorado la última vez que había ido al centro comercial para ver una película en los cines del quinto nivel.
Era una chaqueta sencilla pero con mucho estilo, color verde oscuro con bolsillos interiores y un cierre en diagonal. Por ser día de promoción estaba a un 35% del precio que ella había visto cuando la vio por primera vez.
Entró sin pensarlo a la tienda. Llegó a la estantería correspondiente y la tomó.
"Es tan suave....." dijo voz alta al tocar la manga.
"Y está en promoción" le dijo un vendedor cuando la vio embobada. Seguramente pensó que tenía una compra segura entre manos.
"Si, pero es ofertas en pareja" le contestó ella cuando salió del trance que le provocó ver la chaqueta de sus sueños y no poder comprarla.
"Ah, y vienes sola" dijo en un tono de desilusión el vendedor, seguramente veía como su venta se esfumaba en el aire.
"¿Estás lista?" dijo una voz ya conocida al lado del vendedor.
Elevó la vista, y vio que nuevamente el chico de los ojos color miel llegaba a su rescate, pensó en preguntarle lo obvio, pero no lo hizo.
"Me la voy a probar y veo si me la llevo" dijo sin mirarlo, mientras tomaba la chaqueta en sus manos y buscaba un espejo tamaño completo.
Se miró con calma y buscó en su cabeza todos los posibles atuendos que podían combinar con la chaqueta, mientras él la miraba de reojo y revisaba su celular.
Cuando ya no pudo pensar en más poses dijo "Estoy lista, me la llevo"
Pasaron por caja, el vendedor les dio la chaqueta en una bolsa de papel gigante y salieron de la tienda. Llegaron a la escalera mecánica y ella comenzó a hablar.
"¿Por qué...?" él le tapó la boca con dos dedos y le dijo...

"Un gusto comprar contigo" se giró y bajó la escalera, dejándola con una palabra en los labios y una bolsa en cada mano.

Lee la contra parte en "La mejor Compra"

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