martes, 16 de abril de 2013

Proyecto - Otra Historia


Capítulo 1

“Odio las encerronas”, Pensó Sofía mientras miraba nerviosamente sus manos.
Sus amigas la habían dejado sola con Miguel en la terraza mientras ellas iban a comprar.
Sofía sabía desde hace mucho tiempo de los sentimientos de Miguel, pero ignorarlos era mucho más sencillo que enfrentarlo. Nunca había rechazado a nadie, y no tenía intenciones de comenzar con quien una vez fue su mejor amigo.
Se conocían desde hacía años, solían jugar juntos dos veces al mes desde que tenían memoria. Sus padres eran compañeros desde la universidad y tenían juntas regulares entre ellos, a medida que fueron madurando las juntas incluyeron a sus hijos, quienes jugaban por mientras ellos se actualizaban sobre las vidas de cada uno, por lo que Sofía, Miguel y Alicia tenían su “Club secreto” del que sólo ellos eran miembros.
Las reuniones siempre eran en la casa de Alicia, donde ella tenía una sala de juegos enorme, con todos los juguetes y juegos de mesa que un niño puede desear. Cuando hacía frío  se quedaban dentro de la sala y jugaban con las muñecas de Alicia mientras Miguel las atropellaba con el Camión de Bomberos a control remoto. Cuando los días eran soleados salían a hacer guerras de agua en el jardín, o jugaban a la escondida por toda la casa, lo que en más de una ocasión provocó que los padres de ellos se dedicaran a buscarlos por horas antes de irse mientras ellos se escondían en la cocina bajo el lavaplatos con una provisión de galletas de emergencia. Ese era su pequeño plan de rebeldía porque no querían tener que esperar dos semanas para volver a verse.
El club se disolvió cuando tenían 11 años.
Ahí fue cuando los padres de Alicia se mudaron a Brasil por trabajo y los padres de Miguel se divorciaron, y él se fue a vivir con su madre.
Tenían 13 cuando la madre de Miguel falleció, pero aún así no se volvieron a ver hasta que ella cumplió 15.
El cumpleaños 15 de Sofía fue en grande, sus padres estaban felices por su pequeña princesa y tal como era su costumbre desde que su matrimonio comenzó a flaquear por mutuas infidelidades de las que Sofía se suponía no tenía conocimiento, la complacieron con todo lo que ella pidió; Una gran y elegante fiesta, todos sus amigos invitados y más regalos de los que podía contar.
Todos sus amigos invitados… ahí es cuando comenzaron sus problemas.
“Ho—Hola, Sofía, te acuerdas de mí”, le dijo un niño de aspecto enfermizo, con llamativos frenillos plateados, de movimientos torpe y una gran y llamativa espinilla en medio de la mejilla derecha, que no lograba disimular con el mechón de cabello negro que le cubría las patillas.
“Disculpa?” dijo Sofía con ese tono presumido que tienen las niñas mimadas. “Nos conocemos?”
“Soy yo, Miguel” y esbozo una tímida sonrisa, empañada por restos de comida ensartados en los frenillos.
“Miguel?” dijo Sofía en tono reprobatorio. Mientras escaneaba en sus recuerdos, buscando coincidencias con el nombre, él le refrescó la memoria.
“Jugábamos siempre cuando éramos niños”
“Ahhhh, si... Miguel… No te reconocí, no sabía que vendrías” dijo, sabiendo que quizá no era lo más adecuado para decir, pero más preocupada de que sus amigas no vieran que estaba conversando con él.
“ehhh… sí, tus papas invitaron a mi papá y le dijeron que querías a todos tus amigos en tu cumpleaños” su voz sonaba algo avergonzada pensó Sofía, quizá el esperaba otro tipo de recibimiento.
“Me alegro de que hayas venido, espérame un poco, mis amigas me están llamando” dijo para no volver a acercarse a él en toda la fiesta.
Ella pensó que esa sería la última vez que vería a Miguel, pero estaba muy equivocada.
Ahora que Miguel estaba más repuesto de la muerte de su madre, su padre encontró adecuado hacerlo visitar a sus amigos, y como la tradición mandaba, los amigos de infancia son los más importantes, y voila! Sofía estaba atrapada cada dos semanas con Dientes Brillantes como solía llamarlo mientras el no escuchaba.
Miguel parecía no notar el desagrado que Sofía sentía por él, incluso cuando ella alegaba que tenía que estudiar o que debía ir a casa de una amiga cada vez que él aparecía por la casa.
Las visitas no declinaron con el paso del tiempo cómo Sofía había anhelado, sino que se incrementaron, al parecer la nueva vida social de Miguel, había tenido un positivo impacto en él, o al menos eso creía su padre, por lo que ahora cada sábado por la tarde tomaban el té y ella estaba obligada a estar presente.
Esa amistad impuesta comenzó a afectar a sus amigas, las que en un comienzo venían a su rescate, pero cada vez la ayuda se espaciaba más. Solo Marisa se quedaba con ella a ayudarla.
"Es obvio" pensó Sofía. "entre raros se entienden". Puesto que Marisa también era algo peculiar, no tanto como Miguel, ella sabía perfectamente bien cuando incomodaba, sabia como hacerse un espacio en un grupo y para ella Miguel era su carta de entrada a la glamorosa vida de Sofía, por lo que soportaba las constantes burlas sus amigas y pasaba el tiempo con Miguel el cual no se daba por enterado de su presencia molesta.
Se acercaba el cumpleaños 16 de Sofía, por lo que ella y sus amigas organizaron una reunión de planificación.
Sus amigas habían ido a comprar cuando Sofía vio venir el momento que había temido por casi un año...
"So- Sofía, yo...." comenzó Miguel genial allá vamos pensó Sofía "Si?? Tú???" dijo ella, "es que yo... Tú... Yo siento...., te quería decir....." seguía tartamudeando Miguel "Habla de una vez! O acaso no sabes??!!" dijo impaciente Sofía, ella quería terminar con esto lo más rápido posible, no quería una declaración de amor con público.
"Yo..."
"argggg Miguel basta! Ya seé lo que me quieres decir!"
No soportó más el tartamudeo de Miguel.
"Ah?, es que...."
"Es que nada, Miguel, mira lo siento, pero yo no siento lo mismo, y agradecería que dejes de dártelas de perrito faldero detrás mío!! Porque francamente das algo de pena, me entiendes?" solo después de decir la última palabra se dio cuenta de que sus amigas ya habían regresado y que Miguel no había parpadeado siquiera, es más, parecía haber adquirido un tono más amarillo que el que ya tenía normalmente, producto de que evitaba el sol como si fuese un vampiro.
Sus amigas la miraron con la boca abierta, Miguel no supo nada más que hacer que salir corriendo sin decir una palabra.
“Sofía….” Intentó Marisa decirle, pero no encontró las palabras para la bestialidad que acababa de cometer su amiga.
“Es que te pasaste!!, pobrecito!, no te dio pena??” le preguntó Eva, su mejor amiga, la cual al parecer también quedo impactada por la escena que acaban de presenciar.
“Pero es que, te lo juro! , ya me tenia histérica! Alguien tenía que decírselo. Ya lo superará”
Contrariamente a lo que pensó Sofía, ese momento caló profundo en la vida de Miguel, y sólo un par de años después ella se daría cuenta del error que había cometido.

** Recuerden que los proyectos son cómo su nombre lo dice Proyectos y aún no pasan por una edición más cuidadosa. =)


1 comentario:

  1. Vaya recorrido por los cumpleaños jejeje, y que duro es rechazar a un amigo, y sentir esa presión de que dirá algo, pero tal vez no... Un besazo.

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