martes, 9 de julio de 2013

Dulce Paraíso - The Drugs Don´t Work

Inspirado en The Drugs Don´t Work de The Verve, para escucharla pincha aquí

Mario se sentía afortunado, Dulce paraíso era simplemente eso, un paraíso, un lugar donde él no necesitaba cruzar ninguna frontera ni tomar avión alguno para transportarse a los rincones más recónditos del planeta. 


Un hotel en medio de la nada no es siempre eso, y lo aprendió de la forma más cruda y cruel, porque si bien las historias lo perseguían, no todas eran bellas…

Cuando la vio cruzar el umbral de la puerta pudo imaginar su historia al instante, eso pasa cuando vez tanta gente diferente hacer de tu hogar su refugio, la nueva huésped pidió que le mostrara su cuarto y él la escoltó hasta la alcoba de turno. 

Caminaron en silencio hasta que llegaron a la habitación 32, la última del pasillo, la única con un gran ventanal que daba directamente al sol naciente, el cuarto que entre broma y broma era llamado “la luz al final del camino”. 

Él le entregó la llave y al depositarla en su palma ella lo miró y le tomó la mano, él no supo que hacer, sólo se la entregó como parte del inventario de la habitación, como si él viniera incluido también. 

Sus ojos castaños eran enmarcados en un mar rojo, rabia, cansancio, desconsuelo, frustración, experiencia… todo eso sentía al verla, todo lo que sabía ella estaba sintiendo.

Los dos entraron completamente en el cuarto, ella cerró la puerta sin encender la luz y lo guió hacia la cama, él no opuso resistencia, no podía negarse a la mirada castaña profunda que lo compelía. 

La noche sucedió al día y él la dejó, la guitarra sonando bajo las escaleras le indicaba que era hora de cumplir con sus obligaciones, ella lo miró una vez más pero no dijo nada, sólo le besó la mano y lo dejó ir. 

Mario bajó en silencio, preso de los ojos castaños que había dejado en el piso superior, una nueva experiencia que no sabía si quería dar por vivida aún. 

Nuevas historias llenaron el salón, copas brindando al salud de nuevas amistades y viejos reencuentros, pero él contaba los minutos para regresar donde sabía lo esperaban unos ojos castaños alumbrados por la luz de la luna. 

Una a una las almas dejaron de brindar, uno a uno los corazones se silenciaron preparándose para partir, mientras el suyo se aceleraba para un nuevo comienzo. 

Se apresuró a correr por las escaleras cuando el último viajero abandonó en un salud el salón y le dio el consejo más valioso que había recibido hasta el momento “Los placeres de la vida son pocos, toma el tuyo y no lo dejes ir”.

Con ese pensamiento en los labios tocó la puerta del 32 y esperó ver nuevamente los brillantes ojos. 

Pasaron dos minutos

Pasaron cinco minutos

Pasaron veinte minutos 

Cuando sus toques se transformaron en golpes y sus llamadas en gritos decidió hacer lo impensado y echó la puerta abajo. 

La habitación seguía estando en penumbra, y sobre la cama vio la inconfundible silueta de a quien él buscaba, pero algo había cambiado, algo hacía falta en la habitación, no habían sonidos que le indicaran que estaba mal. 

No habían sonidos…

Se acercó lentamente a la cama para comprobar lo que su aroma y el recuerdo de sus ojos le decía. 

Una pequeña jeringa lo sacudió completamente y se dio cuenta que no era una nueva historia lo que ella buscaba en Dulce Paraíso, si no que el final de otra…


1 comentario:

  1. me has dejado mal, el final es muy fuerte. el relato me gusta, no te deja dejarlo y tienes que terminarlo. Muy bueno. Un abrazo.

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