viernes, 14 de febrero de 2014

La Flor más dulce

Estimados, comparto con ustedes mi relato para el día de los enamorados =), espero les guste. 
Cariños!
Catapzia

La Flor más Dulce

Los aromas la envolvían en un aura de frescura que no pasaba desapercibida, orquídeas, tulipanes y rosas, todo se mezclaba en una pequeña tienda, en la que no quedaba rincón alguno sin flores, Isabel amaba estar envuelta en ellas y más que nada, amaba el día de San Valentín, se esmeraba para que cada arreglo quedase perfecto e intentaba impregnar de amor cada una de sus entregas.



Ese día por lo general se pasaba volando, entre dar vueltas por la ciudad entregando pedidos y atendiendo a los olvidadizos de siempre. 

A lo largo de la jornada presenció tres propuestas de matrimonio, llevó dos pedidos al cementerio, fue a dos clínicas diferentes y lamentablemente fue testigo de una ruptura. 

Al caer la noche no podía moverse, se sentía agotada, estaba tan cansada que casi lo olvidó, bajó corriendo la escalera que separaba su departamento de la florería y abrió la puerta.

Ahí estaba, tan puntual como todos los años, una caja de cartón blanca con una pequeña nota, la cual decía lo mismo cada año. 

“Para la flor más dulce”

Abrió la caja y quedó tan maravillada como siempre, en ella había un precioso pastel con forma de margarita. 

Todos los años pasaba lo mismo, aparecía el misterioso pastel en su puerta y cada vez con forma d una flor diferente, primero fue una rosa, luego una orquídea, después un girasol y este año una maravilla.

Tomó la caja entre sus manos, decepcionada por no haber podido ver nuevamente quién era el misterioso admirador y cerró la puerta tras ella, decidida a cogerlo el año próximo. 

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La observó cerrar la puerta y suspiró aliviado, afortunadamente no alcanzó a verlo, este año había estado muy cerca, pero no podía permitir que supiera que él era quien le dejaba un obsequio todos los años, no tenía el valor suficiente. 

Este era el cuarto año y se había prometido armarse de coraje y entregarle el pastel en persona, de día y no en la penumbra de la noche, pero de sólo verla se le iba el habla, la observaba embelesado cada vez que la veía pasar con un ramo de flores por frente de su pastelería, y cada día del amor esperaba pacientemente el momento en el que veía sus ojos brillar cuando descubría el pastel en su puerta. 



“El próximo año, el próximo año se lo diré” se repetía mientras se alejaba lentamente por el callejón.



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